segunda-feira, 19 de outubro de 2009

Antoni Tàpies: el arte más allá de lo imaginado




revista de cultura # 21/22 - fortaleza, são paulo - fevereiro/março de 2002


Miguel Ángel Muñoz

Quien posee el conocimiento verdadero no necesita hablar. Si yo lo hubiera alcanzado puede que ni necesiatra pintar. Sería como el silencio del Zen. Éste no es mi caso y por eso pinto.

Antoni Tàpies

Si comenzamos una breve relectura de la obra de Antoni Tàpies, es posible, en cierta manera, asumir y entender sus desafíos pictóricos. El proceso creativo de Tàpies significa una metamorfosis, reestructura, cambio de apariencia y materia, todo lo que el pintor catalán ha querido conseguir con su trabajo: "Cuando trabajo no analizo el porque de escoger una forma u otra. Es cierto que podría hacerlo a posteriori. Durante muchos años he trabajado de un modo casi automático, inconsciente". Hay en los lienzos de Tàpies una dimensión susceptible al juego de creer que el arte es múltiple y que con ella da cabida al desdoblamiento del lenguaje estético.

Es verdad que toda la obra de arte es un mensaje cifrado, una afirmación de la vida; desde luego, una sabia preocupación por hacerse escuchar. No es de extrañar que la pintura de Tàpies reclute elementos místicos del siglo XII, No es por casualidad que aparezcan lenguajes poco descifrables, basados en el pensamiento de Ramón Llull, genio universal de la Edad Media -teólogo, poeta, filósofo, misionero- y en cuyo retroceso Tàpies encuentra la explotación del conocimiento, la voz que solicitó a los maestros de su época para enseñar los prodigios de la vida a través de los siglos.

Apunta Jorge Luis Borges que el mundo íntimo de la creación, la pasión -cierta o incierta- ha existido desde que el hombre es hombre, quizá antes, en el imaginario artístico. Tàpies lleva los cuadros hasta las últimas consecuencias de ruptura metafórica -en un coloquio entre formas y conceptos- iniciadas ambas en una afinidad surrealista y concretista. La suya es una pintura profundamente matérica sacudida por vehículos de significados diversos, cuyas imágenes son propias de la modernidad.

Tàpies no se limita a los entornos bocólicos catastróficos sino que también propone una mirada, continuamente, a los pasados movimientos de vanguardia. El artista es, según observo, abierto a ideas extrañas, a reelaborar juicios pictóricos en relación con un tema, para utilizar un estilo poético-plástico directo y temperamental, pero al mismo tiempo cauteloso.

He de confesar mi preferencia por aquellas piezas de Tàpies más simples de apariencia y, a la vez, con mayores posibilidades, al menos por mi parte, de añadidos significativos, en que múltiples letras representan figuras y signos que descifran el laberinto antiguo que permea los cuadros. Así por ejemplo, hay figuras geométricas que aparecen: A, S, T, V, X, Y, Z, que a la vez "multiplican toda una serie de figuras combinatorias" .Desde el punto de vista de la creación artística, estos signos, construidos sobre una geometría primaria, son objetos específicos en el sentido más clásico del término. Los conceptos de proporción, orden, medida, ritmo, secuencial y euritmia se materializan en ellos con una contundencia esencialista.

Letras animadas que esperan ser sorprendidas por el espectador, cuya apariencia se sirve de múltiples formas o entornos ocres, grises, rojos, blancos, negros, en los que, a la potencia visual - los grandes espacios que apoya, como brasos de tensión, en los muros; la imagen sobre un cuerpo plano, con turbadores trazos que producen un asombro poético, que se retrata en la configuración del cuadro - se añade a una implicación personal que no rehúye al acontecimiento estético, y que no propiamente es, sino que, a mi modo de ver, motiva una expléndida mezcla de los fondos pictóricos que Tàpies resuelve mágicamente: una angustia teórica o una angustiada teoría que no extrema la complejidad de lo que quiere decir hasta conducirlo al al extremo de hacerlo legible, comprensible para aquel que asume el bagaje referencial crítico citado, en un ámbito evocativo. Es decir, Tàpies crea cuadros-objeto, donde recorta, raya, estratifica y compone. Con la "evolución" de cada cuadro, el soporte pictórico se va incorporando al proceso táctil de su trabajo en escultura. Estas sobrias "estructuras primarias", impecablemente ejecutadas, adquieren la pureza propia de aquellos escritos místicos de Ramón Llull.

Los cuadros matéricos tienen su origen en líneas contundentes y en composiciones complejas. La figura se forma, tanto en los temas, entre los que se pueden encontrar referencias místicas, como en el tratamiento orgánico de los elementos. Este proceso de cocción deja imágenes para lo accidental y, al mismo tiempo, para la sorpresa. Hay que observar, en la construcción de la obra, dos niveles: el lenguaje matérico, el dibujo y la línea, determinados por el símbolo del regor estilístico.

Tàpies consiguió extraer de la materia una expresividad única. Con ella organizó foprmas orgánicas en piezas que ensambla y engarza en complejas composiciones. En algunas obras, en las que añade ciertas texturas de piedra, barro y materiales refractarios, se aprecia una tensión estética, que simbólicamente representa el mundo natural y primitivo, esto es, el ambiguo concepto que va de lo clásico a lo moderno. En el caso de Tàpies, amante de la poesía, la música, las ideas, que es lo mismo que decir amante del ritmo y la estructura, evoca siempre la esencia conceptual y física. El caso es que Tàpies, al igual que Valéry, concibe poéticamente el espacio y el tiempo como algo que no es absoluto; antes, lo crea un elemento que gravita, opuesto a la fragmentación o la porosidad.

Dice Valéry:

Y la restitución de la tumba entusiasta
por el gracioso estado de risa universal...
fuego fecundo en cimas que apenas se intimidan,
bosques que rezumbáis de insectos y de ideas.

Esa restitución es un elementos que le sirve a Tàpies para ofrecer su particular visión del mundo, un mundo lleno de trampas en las que el espectador está dispuesto a caer. Dicho elemento se va repitiendo en sus óleos y comparte protagonismo con la figura y formas singulares, especialmente a partir de esa intempestiva y apasionada deriva final que concluye su andadura pictórica.

La obra de Tàpies es lenguaje cifrado, análogo al ritmo místico de su forma abstracta. Alquimia y magia. Estos temas aparecen en el trabajo gráfico, en la cerámica, en los objetos y en la pintura matérica. Concepción directa y temperalmental. Sonido de la composición.

Frente a él, es estar ante la complejidad del descubrimiento. Esa búsqueda que carcome la mirada, tanto en el sentido estético como en el artístico. Significado inverso. Espacio vital y obra hermética. Tàpies entabla alfabetos diversos en significados y con figuras ambiguas, geométricas; letras que consignan perpetuación; signo abstracto, proceso reflexivo, expulsión de la línea, circulación mágica del arte. Al igual que Joan Miró, el lenguaje pictórico de Tàpies es poético, o mejor dicho, es ocupación de espacios que se concretan en el tiempo y, a partir de ese desorden, la fragmentación alfabética se transforma en símbolos ambiguos. Por todo ello es, a la vez, un clásico y un romántico, un físico y un visionario, un artista que comprende e increpa, pero que estructura su propia historia.


Miguel Angel Muñoz (México, 1972). Poeta, historiador y crítico de arte. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos; La imaginación del instante. Signos de José Luis Cuevas; Ricardo Martínez: una poética de la figura. Además de los libros de poesía: Gravitaciones, El abaco de los laberintos, Ritual de signos, Líneas paralelas. Es director de la revista literaria de México Tinta Seca. Contato: miguelangelmunoz@prodigy.net.mx. Página ilustrada com obras de Antoni Tàpies (Espanha).

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